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Agresividad en gatos

¿Qué tipos de comportamientos agresivos existen?

Hay que tener en cuenta que no es extraño que un gato demuestre en algún momento de su vida algún tipo de comportamiento agresivo hacia sus tutores o los miembros de la familia con quien convive.
Y se ha demostrado que es más habitual en hogares con un solo gato y en animales que han tenido una socialización inadecuada en su edad temprana o que fueron separados de su madre demasiado pronto.

Lo importante, en todo caso, es detectar de qué tipo de agresividad se trata para poder, así, plantear una actuación más acorde con las causas del comportamiento agresivo del gato.
En este sentido, podemos definir cinco grandes tipos de comportamientos agresivos en gatos:

  1. Comportamiento depredador mal dirigido
  2. Comportamiento agresivo relacionado con las caricias
  3. Agresividad relacionada con el miedo
  4. Agresividad redirigida
  5. Agresividad maternal

Una vez hecho detectado el tipo de agresividad a modificar, hay algunos puntos de las pautas de tratamiento a seguir que serán comunes a todos los tipos de comportamiento agresivo.
Otros, en cambio, serán más específicos dependiendo de las particularidades de cada tipo específico de agresividad.

Protocolo común en todos los tipos de comportamiento agresivo

 

Algo que seguro que hay que hacer para redirigir el comportamiento agresivo de un gato, sea cual sea su causa, es propiciar una modificación ambiental. ¿Cómo? Pues usando estrategias como las que describimos te describo a continuación:

  • Darle la posibilidad de acceder a lugares elevados: dejar espacio para que pueda subirse a estanterías o, incluso, instalar soportes para que pueda subir a sitios con cierta altura. Tener acceso a lugares elevados aumenta la percepción del gato de control sobre su medio ambiente. Esta medida es importante para todos los gatos, pero resulta especialmente esencial para los gatos temerosos y estresados.
  • Esconder la comida: esconder la comida en varios lugares o usar alimentadores tipo rompecabezaspuzzle o interactivos. Tener que buscar su comida fomentará el comportamiento exploratorio y el aprender a jugar. Esta estrategia resulta especialmente útil para gatos que muestran comportamiento depredador.
  • Configurar una zona segura para el gato: crear un espacio donde el gato esté protegido de estímulos aversivos. Si es una casa con niños se puede poner, por ejemplo, una barrera como las que se ponen para evitar que suban o bajen las escaleras. Esto será extremadamente útil para animales temerosos.
  • Proporcionar escondites: tener sitios donde poder esconderse es crucial para los gatos; en particular para aquellos con problemas relacionados con el miedo.

Por otro lado, además de la modificación ambiental, también debemos considerar corregir ciertas dinámicas de la relación entre los humanos y el gato. En este sentido, es muy importante aprender a identificar los cambios en el comportamiento del gato que se dan justo antes del momento agresivocomportamiento agresivo.
Es un lenguaje corporal, a menudo muy sutil, que, si detectamos a tiempo, podemos reconducir.

También hay que tener muy presente que usar el castigo para corregir un comportamiento agresivo no es para nada recomendable. El castigo podría aumentar la agresión y el estrés, y potencialmente desencadenar una reacción defensiva del gato indeseable.

Comportamiento depredador mal dirigido

El comportamiento depredador mal dirigido es muy común en gatos. De hecho, es el problema de agresividad más frecuente en gatos que viven con familias humanas. También se denomina “agresividad por juego”. A pesar de ser un comportamiento felino considerado incluso normal, a veces puede provocar lesiones a personas del entorno del animal o a otros animales.

Este tipo de comportamiento agresivo se identifica porque generalmente suele ser silencioso y se ve al gato tratando de acechar, perseguir, atrapar y morder.

Se asocia a gatos jóvenes, a gatos que han sido destetados demasiado pronto, a gatos que no reciben suficiente estimulación o bien que tienen tutores que juegan con rudeza con ellos, especialmente si las personas juegan con sus manos o pies a llamar la atención del gato. También es más común en gatos de interior y que viven sin compañía de otros felinos.

Cuando el problema son las caricias

No todos los gatos son igualmente tolerantes a las caricias. Puede ser muy desconcertante para las personas que conviven con el animal, pero debemos aceptarlo.

Este tipo de comportamiento representa hasta el 40% de los casos de agresividad vistos por servicios de etología. Generalmente, las personas que conviven con el gato describen los ataques como impredecibles, pero lo cierto es que lo más probable es que el animal haya mostrado cambios sutiles en su lenguaje corporal justo antes de la reacción agresiva.
Ponerse tenso, rotar y aplanar sus orejas, azotar su cola… todo esto son indicadores de que hay algo de nuestra caricia que le está molestando e, incluso, que le resulta inaguantable.

Podemos no saber el motivo de esta aversión a ciertas caricias. Podría tratarse de un conflicto motivacional en el gato o también podría ser que el animal tenga un umbral de tolerancia de contacto excesivamente bajo.

Agresividad por miedo

Si tener miedo puede provocar comportamientos agresivos en las personas, lo mismo pasa con los gatos. Hay agresiones relacionadas directamente con el miedo a algo o a alguien y hay agresiones redirigidas; es decir, que ocurren cuando el estímulo aversivo, que le da miedo al gato, no es accesible y, por lo tanto, el gato ataca un estímulo alternativo.

De la relación entre miedo y agresividad, así como de la agresividad en gatas que acaban de ser madres, hablaremos en próximos artículos.

Si tienes alguna consulta no dudes en contactar con nuestro equipo.

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