¿Te imaginas que llegas a casa y tu perro, en lugar de saltar emocionado moviendo la cola, te dice «hola, tengo hambre, vamos al parque»?
Yo me quedaría totalmente paralizada. Pero está claro que nos ayudaría a entenderles mejor.
Sobre todo para saber si sufren o si están enfermos, que es cuando más falta haría.
Pues resulta que los perros están mucho más cerca de eso de lo que creíamos.
Y al mismo tiempo, infinitamente más lejos.
Quédate conmigo. Lo que voy a contarte probablemente desafíe todo lo que crees saber sobre la comunicación con tu compañero canino.
Lo que descubrieron cuando analizaron 200.000 pulsaciones de botones
Durante años, los vídeos de perros usando tableros de botones con palabras grabadas han inundado TikTok e Instagram.
Perros que presionaban «comida», «fuera», «jugar», «agua». Algunos incluso parecían formar frases rudimentarias como «fuera + jugar» o «comida + agua».
Pero la comunidad científica seguía siendo escéptica al respecto porque ¿realmente entendían esas palabras o simplemente habían aprendido que presionar ciertos botones producía recompensas?
En diciembre de 2024, el equipo del Comparative Cognition Lab de la Universidad de California en San Diego, liderado por Federico Rossano, publicó en Scientific Reports un estudio que zanjó el debate de forma contundente.
Analizaron 152 perros entrenados en el uso de tableros de botones durante 21 meses. Registraron cada pulsación mediante aplicaciones que grababan automáticamente tanto el botón presionado como el contexto visual completo de la situación.
El volumen de datos fue masivo. Casi 200.000 pulsaciones de botones. Más de 56.000 combinaciones de dos palabras consecutivas.
Y lo más interesante es lo que salió cuando analizaron esas combinaciones, porque se dieron cuenta de que las secuencias no eran aleatorias.
Cuando los perros combinaban dos botones, esas parejas de palabras aparecían tantas veces juntas que no podían ser cosa del azar. Y más importante aún, las combinaciones reflejaban solicitudes específicas y muy coherentes.
«Fuera + jugar» aparecía con mucha más frecuencia que combinaciones sin sentido como «juguete + cama». «Comida + ahora» se registraba todo el tiempo, mientras que «agua + pelota» no existía casi.
¿Y la hipótesis de que simplemente imitaban secuencias que habían visto modelar a sus tutoras?
Se descartó.
Porque cuando las investigadoras compararon las combinaciones que los perros producían espontáneamente con las que sus tutoras habían usado previamente, encontraron una diferencia importante.
Los perros generaban sus propias combinaciones basándose en sus necesidades del momento.
Federico Rossano fue cauteloso al interpretar los hallazgos. «No estamos diciendo que los perros comprendan conceptos abstractos como el tiempo verbal o categorías gramaticales complejas», explicó. «Pero sí podemos confirmar que tienen control flexible e intencional sobre los botones y que los utilizan de manera no accidental para comunicarse con humanos».
Pero espera, que hay más.
Lo más fascinante del estudio fueron los casos anecdóticos de lo que las investigadoras llaman «creatividad combinatoria».
Un perro, al escuchar la sirena de una ambulancia pasar por la calle, presionó la secuencia «juguete con sonido + coche». Otro, después de que sus tutoras retiraran del tablero el botón específico de «playa», empezó a usar consistentemente «agua + fuera» cuando quería ir a ese lugar.
Y esto solo significaba que algunos perros estaban intentando combinaciones de botones para referirse a cosas que no tenían un botón asignado.
Tu perro te escucha todo el tiempo
Mientras el debate sobre los botones tenía lugar, otro equipo de investigadoras de las Universidades de Lincoln, Sussex y Jean Monnet publicó un estudio complementario que también nos dejó con la boca abierta.
Los perros poseen la capacidad neurológica de filtrar pasivamente información relevante para ellos incluso cuando los humanos hablan de forma continua.
Para ello, grabaron a tutoras leyendo textos largos y sin sentido con un tono neutral, como si estuvieran leyendo las instrucciones de un manual. Pero en algún punto del texto neutro se insertaba una frase corta con información relevante para el perro, ya fuera su nombre o una palabra significativa como «calle».
En algunas grabaciones esa frase significativa se pronunciaba con el tono alegre que usamos con ellos. En otras, la frase se mantenía con el mismo tono monótono del resto del texto.
Y los resultados te van a hacer sonreír.
Aunque respondían con mayor frecuencia y rapidez cuando las palabras relevantes se pronunciaban con tono alegre, también eran capaces de detectar y responder a esas mismas palabras cuando se pronunciaban con tono neutro.
David Reby, líder del proyecto dijo que: «Demostramos que los perros pueden reconocer información del habla relevante para ellos en ausencia de la prosodia habitual que usamos al dirigirnos a ellos. El hecho de que una especie que no habla pueda percibir información verbal básica indica que el habla humana aprovecha capacidades perceptivas presentes en otros mamíferos, o que los perros han desarrollado un oído especial para el habla humana como consecuencia directa de la domesticación».
¿Entiendes lo que esto significa?
Tu perro no necesita que le hables con voz aguda y exagerando cada palabra como si fuera un bebé para entender lo que dices.
Puede extraer información relevante mientras hablas por el móvil o estás con otra persona.
Está escuchando todo el rato.
Distinguen aprobación y desaprobación sin usar palabras específicas
Otro estudio reciente añadió una capa adicional a nuestra comprensión de cómo los perros procesan la comunicación humana.
Los perros pueden distinguir sonidos que expresan aprobación de aquellos que expresan desaprobación, incluso cuando esos sonidos no son palabras reconocibles.
En este estudio se pidió a las tutoras que guiaran a sus perros hacia ellas o hacia un lugar en el que había golosinas usando solo una sílaba simple, equivalente a «by» en inglés.
Los participantes tenían libertad total para modificar el tono, la duración, el volumen y el número de repeticiones de ese sonido, pero no podían usar palabras reales que el perro ya conociera.
Los resultados revelaron patrones acústicos interesantísimos.
Cuando los tutores intentaban que el perro continuara una acción o se acercara a algo, los sonidos tenían tono más agudo, eran breves, se repetían frecuentemente y sonaban más melódicos. Cuando intentaban detener una acción o expresar desaprobación, los sonidos tenían tono más bajo, mayor volumen y una duración más larga.
Lo fascinante es que los perros respondían a estas diferencias acústicas universales sin necesitar entrenamiento previo.
Esto sugiere que la comprensión canina del habla humana no depende solo del significado semántico de palabras específicas. Opera a un nivel más fundamental. A los patrones prosódicos y tonales que funcionan entre mamíferos sociales.
¿No te parece increíble?
Entonces, ¿por qué los perros no hablan?
Si tienen las capacidades cognitivas para usar palabras de forma intencional. Si pueden extraer información relevante de conversaciones complejas. Si distinguen tonos de aprobación y desaprobación sin necesidad de palabras. Y si unas investigadoras húngaras que estudiaron la laringe canina confirmaron que tienen control motor sobre su aparato vocal suficiente para generar variaciones en frecuencia, duración y modulación que en teoría podrían aproximarse a sonidos del habla humana…
¿Por qué los perros no hablan?
Porque nunca lo necesitaron.
Desarrollaron algo más útil para relacionarse con nosotros. Un sistema de comunicación gestual, tonal y emocional tan sofisticado que el lenguaje verbal humano resulta casi limitante en comparación.
Y a mí me parece brillante que sigan comunicándose con nosotros tal y como lo hacen, pero dime ¿tú preferirías que hablaran?
Bibliografía
- Rossano, F., et al. (2024). «Dogs combine words on soundboards in non-random ways». Scientific Reports, 14. University of California San Diego, Comparative Cognition Lab.
- Reby, D., et al. (2024). «Dogs can extract relevant information from continuous human speech without prosodic cues». Animal Cognition. Universities of Lincoln, Sussex y Jean Monnet.
- Faragó, T., et al. (2024). «Acoustic parameters distinguish approval and disapproval vocalizations in dog-directed speech». Applied Animal Behaviour Science.
- Andics, A., et al. (2023). «Vocal flexibility in domestic dogs. Neural and anatomical substrates». Eötvös Loránd University, Family Dog Project, Budapest.
- Kaminski, J., et al. (2019). «Evolution of facial muscle anatomy in dogs». Proceedings of the National Academy of Sciences, 116(29), 14677-14681.
- Hare, B. & Woods, V. (2013). The Genius of Dogs. How Dogs Are Smarter Than You Think. Dutton.
- Miklósi, Á. (2015). Dog Behaviour, Evolution, and Cognition. Oxford University Press.
