Comprendiendo la agresividad redirigida en los gatos Skip to main content

Comprendiendo la agresividad redirigida en los gatos

 

La llamada agresión redirigida ocurre cuando el “estímulo aversivo” (aquello que asusta o altera al gato) no es accesible y, por lo tanto, el gato ataca un “estímulo alternativo” (cualquier otro individuo que esté cerca, incluso personas de la familia). Se trata de un tipo de comportamiento agresivo bastante frecuente en gatos y que puede ser potencialmente muy peligroso para las personas.

El peligro deriva de la incapacidad de predecir cuándo va a ocurrir, puesto que ese estímulo aversivo no suele ser controlable. Un ejemplo sería cuando nuestro gato observa por la ventana a un gato desconocido y, ante la imposibilidad de no poder atacar a ese gato que le supone una amenaza, ataca a la persona de la casa que tenga al lado, como reacción ante esa situación de estrés.

Los ataques redirigidos suelen ser muy impredecibles, aunque en muchos casos las personas que conviven con el gato son capaces de describir algún tipo de comportamiento extraño antes del ataque.

Lo más curioso es que la excitación del  gato que ha protagonizado un episodio de agresividad redirigida puede mantenerse durante mucho tiempo, llegando a permanecer nervioso incluso varios días después del estímulo aversivo desencadenante. Los desencadenantes más comunes de un comportamiento agresivo redirigido son los ruidos fuertes, la presencia de otros gatos y la presencia de personas desconocidas.

 

¿Cuál es la estrategia a seguir cuando hay que tratar la agresividad redirigida de un gato?

 

Aumentar la tolerancia a los factores desencadenantes, el gran reto

Ante un gato que presenta episodios de agresividad redirigida, nuestro principal objetivo será, por un lado, evitar más ataques y, por otro lado, aumentar su tolerancia a los factores desencadenantes de este tipo de comportamiento, es decir, desensibilizarlo hacia el estímulo aversivo, para que, progresivamente, deje de ser percibido negativamente por el gato.

 

¿Qué podemos hacer para ayudar al gato a aumentar esa tolerancia al factor desencadenante y reducir los episodios de agresividad redirigida?

 

a) Optimizar el espacio:

Permitir que llegue a sitios elevados, dejar espacio para que pueda subirse a estanterías o, incluso, instalar soportes para que pueda subir a sitios con cierta altura, puesto que tener acceso a lugares elevados aumenta la percepción del gato de control sobre su medio ambiente.

 

b) Evitar el castigo

El castigo podría aumentar la agresión y el estrés, y desencadenar además una reacción defensiva indeseable.

 

c) Disminuir el contacto con el gato

Los gatos suelen reaccionar violentamente cuando se sienten amenazados y no tienen oportunidad de escapar. Por tanto, es muy importante que el gato no se vea obligado a interactuar con personas. Al menos, durante el tiempo que dure el proceso de modificación de conducta de un gato con agresividad redirigida. Esto, en casos de agresividad redirigida, resulta especialmente importante por lo que ya hemos comentado, que el gato puede permanecer varios días excitado y nervioso después de un episodio violento.

 

d) Aprender a interpretar el lenguaje corporal del gato

Va a resultar muy útil aprender a identificar las señales que preceden a un ataque. Pueden ser señales muy sutiles: un cambio en la expresión facial del gato, un comportamiento anómalo…

Si conseguimos detectar a tiempo que se anticipa una reacción agresiva, lo que debemos hacer es distanciarnos lentamente del gato; distraerlo abriendo una lata de comida, por ejemplo, y, cuando sea posible, llevarlo a una habitación tranquila y con poca luz.

Y después de un episodio de agresión redirigida, es aconsejable tener una manta a mano para protegernos en caso de que el gato vuelva a atacar. 

 

e) Evitar o disminuir la exposición del gato al factor desencadenante

Si se ha identificado el estímulo desencadenante, debe eliminarse siempre que sea posible. A veces, no obstante, esto no va a resultar fácil… Así, si lo que altera a nuestro gato es la visión de gatos en el exterior, conviene no darle acceso a la zona donde podría observar a esos otros gatos o mantener las persianas bajadas. 

 

f) Acostumbrar al gato al estímulo desencadenante

Y cuando no podemos evitar el estímulo desencadenante lo que debemos hacer es intentar acostumbrar al gato con lo que llamamos un protocolo de desensibilización progresiva. Se trata de acercarle el estímulo desencadenante gradualmente, ya sea aumentando lentamente su intensidad (cuando se trata de un sonido o una luz), o acercándolo también gradualmente a aquello que le provoca la reacción agresiva (otro animal, persona, etc), asociándolo siempre a un estímulo positivo para nuestro gato (juguetes, comida, etc).

 

 g) Reestablecer una relación positiva con el gato

Después de un ataque redirigido, el gato puede desarrollar una mala relación con el animal o la persona a quien ha atacado. Si se trata de una persona, podemos utilizar la misma estrategia que con los gatos con miedo para reconducir la relación: recompensarle cada vez que se nos acerque. Nos podemos sentar en el suelo, para parecer menos amenazantes, y lanzarles una golosina. Primero a cierta distancia, luego más cerca.

Y la última siempre se tiene que volver a tirar un poco lejos para que el gato pueda volver a su zona de confort. Si la víctima del ataque ha sido otro animal, deberemos implementar el llamado “protocolo de reintroducción”, del que os hablaré en un futuro post.  

 

h) Si es necesario, se pueden utilizar productos ansiolíticos

En algunas ocasiones, cuando se trata de una problemática severa, puede ser necesario usar algún producto ansiolítico que mejore su sensación de bienestar y nos permita facilitar la implementación de un programa de modificación de la conducta. En este caso, la prescripción debe ser pautada por su veterinario.

 

i) Castrar al gato

Teniendo en cuenta que la presencia cercana de otros gatos es uno de los factores desencadenantes más comunes de la agresión redirigida, la castración puede ser una estrategia útil, en caso de que no esté castrado, claro está. En conclusión, la agresividad redirigida en gatos es un problema común que debe abordarse de múltiples maneras y adaptando el tratamiento de modificación de conducta a cada familia multiespecie y las particulares circunstancias de cada situación (cuál ha sido el desencadenante, cuál ha sido el objetivo del ataque, cuánto tarda en recuperarse el gato de su estado de excitación, cuál es la severidad del ataque, etc).

Por eso, en cuanto surge el primer indicio de agresividad redirigida en un gato, debemos comprender que no es que el gato se haya vuelto loco de repente (ya que a veces nos ataca y no hemos detectado cuál ha sido ese desencadenante externo), sino que está reaccionando con miedo a algo que le ha alterado y que con la aplicación de las pautas correctas, y con la ayuda de los profesionales adecuados, nuestra convivencia con nuestro gato puede volver a ser plena y tranquila.

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