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“Es que mi perro me mira como si me entendiera”, “es que parece que mi perro me lea la mente”.

Cuántas veces no habremos oído frases parecidas a éstas de la boca de personas que conviven con perros.

Ahora, un estudio demuestra (o vuelve a demostrar, porque ya se había investigado antes) que los perros nacen con la capacidad de interactuar con los humanos.

Los perros nacen con la capacidad de interactuar con los humanos.

Se trata de una investigación reciente en la que se estudiaron cientos de cachorros retriever de ocho semanas de vida.

Aunque los cachorros que participaron en el estudio pasaban la mayor parte del tiempo con sus compañeros de camada y no con humanos, y a pesar de no haber recibido entrenamiento alguno, cuando los investigadores les señalaban algo, los perritos mantenían un contacto visual prolongado con los humanos y un 66% de las veces fueron capaces de entender los gestos que se les hacía.
Es decir: no era por la convivencia, no era por un entrenamiento, no era por necesidad.
Los perros, simplemente, nos entienden de forma innata.

Desde hace más de 20 años, los científicos tienen la certeza de que los perros entienden la lógica que hay detrás del gesto humano de señalar, por ejemplo. Y es un gesto que se considera complejo. Lo que aún no se había determinado era la razón por la cual los perros saben mirar en la dirección hacia la que señalamos.

¿Lo aprenden al estar cerca de humanos o es algo innato? La investigación realizada con estos cachorros retriever se atreve a afirmar que parece ser algo innato.

Nos entienden de manera innata

La mayoría de los animales no comprenden qué deben hacer cuando los humanos señalan, ni siquiera los chimpancés lo entienden a pesar de ser nuestros parientes más cercanos; a diferencia de ellos, parece que los perros nacen con esta habilidad innata.

La investigación para poder afirmarlo con más contundencia avanzó. El equipo de científicos se asoció con la organización Canine Companions for Independence (CCI), que proporciona perros de servicio a personas que sufren trastorno de estrés postraumático (TEPT) y discapacidades físicas, y, de esta manera, lograron reunir muchos más cachorros para su estudio.

Trabajaron con labradores y Golden retrievers. Igual que en la primera fase de la investigación, los cachorros pasaban la mayor parte del tiempo con sus compañeros de camada y aún no habían tenido mucha experiencia al interactuar con personas.

Se hicieron tres pruebas:

  • La primera: se dispusieron dos tazas boca abajo a los lados del cachorro y el investigador señaló la que contenía un premio. Los cachorros entendieron ese gesto humano más del 66% de las veces.
  • La segunda: los cachorros se colocaron en un corral de tamaño considerable mientras un investigador se paraba afuera y les decía, de una forma animada, frases como “¡miren a este cachorro!” y “¡eres un cachorro tan bueno!” durante 30 segundos. Como respuesta, los perros mantuvieron su mirada en el investigador durante 6 segundos, en promedio. Este tipo de contacto visual es poco común entre los animales y se considera fundamental en las interacciones sociales con humanos.
  • La tercera: se les enseñó a los cachorros a ubicar la comida en un recipiente de plástico al que, acto seguido, se le colocó una tapa. Aquí fue donde los pequeños mostraron poca experiencia y no fueron capaces de pedir ayuda a los humanos como sí suelen hacerlo los perros adultos. Esto sugiere que, a pesar de tener una capacidad innata para captar información de los humanos, los perros jóvenes no son conscientes de que también pueden pedirnos ayuda.

¿Una cuestión genética?

Cuando las conclusiones de esta investigación empezaron a comentarse entre los científicos, Heidi Parker, genetista del Proyecto del Genoma Canino de los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, afirmó a la revista Science que los perros golden retriever y labradores son “muy amigables”, por lo que sería importante incluir una variedad más amplia de razas en los estudios que se lleven a cabo en el futuro.

Parker tenía razón: ambas razas han evolucionado para entenderse con los humanos y eso podría estar ya transmitiéndose de forma genética.

Pero tenemos también otros estudios. La revista Frontiers in Psychology publicó, en enero de 2020, los resultados de una investigación hecha en la India que había trabajado con perros callejeros y que demostraba que el 80% de ellos “lograron seguir los gestos con los que se les señalaba un lugar específico a pesar de no haber recibido entrenamiento”.

Quizás sea porque los perros son la especie domesticada más antigua del planeta y, durante miles de años, se criaron para obtener rasgos que fueran deseables y útiles para los humanos.
Quizás los perros podrían tener una capacidad innata para comprender ciertos gestos humanos.

En todo caso, debemos entender que los perros son animales inteligentes que tienen una gran capacidad para comprender nuestro lenguaje corporal. Debemos darles su espacio, y tener un poco más de empatía y respeto con ellos. Esto podría ayudarnos mucho a todos.

 

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